En filigranas luminosas llueven
diamantes al palacio vegetal,
y enjoyadas las hojas se conmueven
en las manos de un oro en vendaval.
Y troncos como mármoles nudosos
son las columnas vivas de las frondas;
espesura esmeralda entre pasmosos
cantos de soledad sobre las ondas.
Cada flor tiene el púrpura marino
teñido en su fragancia humedecida;
zafiros deja el agua en el camino
y alguna voz de plata desprendida.
Beben los bosques zumos de metal,
y la noche de pronto en mil alhajas
se eleva como aérea catedral.
Todo queda en riquísimas mortajas.
10/10/2004