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lunes, 11 de julio de 2011

Aérea majestad

En filigranas luminosas llueven
diamantes al palacio vegetal,
y enjoyadas las hojas se conmueven
en las manos de un oro en vendaval.

Y troncos como mármoles nudosos
son las columnas vivas de las frondas;
espesura esmeralda entre pasmosos
cantos de soledad sobre las ondas.

Cada flor tiene el púrpura marino
teñido en su fragancia humedecida;
zafiros deja el agua en el camino
y alguna voz de plata desprendida.

Beben los bosques zumos de metal,
y la noche de pronto en mil alhajas
se eleva como aérea catedral.
Todo queda en riquísimas mortajas.


10/10/2004