Buscar en este blog

miércoles, 26 de abril de 2017

La savia

En el hombre o la planta
la vida es un movimiento interior...
No se detiene, va buscando bocas
que alimentar...
La savia y la sangre corren
en un acto casi infinito,
casi secreto,
bajo la sombra de la piel.
Sueña la muerte con una savia estancada
y nuestras venas vacías,
pero el movimiento es casi infinito,
y deja tras sí, en cascada,
los movimientos de un casi infinito
número de almas que están por nacer.


POEMA DE LA SAVIA

miércoles, 8 de junio de 2016

No, no se puede odiar

No, no se puede odiar al pueblo amado
sin odiar lo que Dios bendijo un día.
No hay más razón que la maldad, no más
que negrura en el alma de quien odia,
de quien derrama sangre de inocentes.

8 de junio de 2016

martes, 7 de junio de 2016

Las puertas se abrirán en Israel

Las puertas se abrirán en Israel
al que quiera adorar al Rey del cielo.
No habrá puerta cerrada para el que ama,
tampoco obscuridad para el que busca.

Bienvenidos serán los pequeñuelos,
los que alaban inmensamente a Dios.
Bienvenidos los pobres, los pacientes,
los que sueñan, los que oran, los que queden...

Bendita toda puerta en Israel.
Qué bienaventurado el que se adentre
a la ciudad hermosa de los santos,
la que llaman Ciudad Misericordia.


7 de junio de 2016

lunes, 6 de junio de 2016

Es bendita la noche en Israel

Es bendita la noche en Israel,
e igual la luz del día en sus caminos.
¡Qué bienaventurado aquel que empolva
sus pies en tierra santa cada día!

La hermosura se posa en Israel
como la lluvia que hermosea el campo.
¡Tal llueven bendiciones numerosas
como nunca nación alguna vio!

El corazón que cree anhela el día
de paz que vendrá al mundo desde Sion.
El corazón que cree te bendice
Señor por lo que has hecho en Israel.



6 de junio de 2016

lunes, 21 de enero de 2013

El regreso de Israel



Después de siglos negros
se vislumbra esperanza.
Un pueblo resucita
maravillando al hombre.

Niño que nació adulto,
apto para entender
lo que Dios hizo en él.

¡Cuán bienaventurados
los que en ti se alegraron!
¡Cuán dichoso el que pudo
oír tu voz de nuevo!