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jueves, 21 de mayo de 2026

La ciudad de las palabras

El aire está lleno de palabras, 
tiernas palabras que apenas 
acaban de pronunciarse, 
también están las intactas 
de ese ayer sonoro 
que aún no se desvanece, 
son aquellas que encontraron 
pasadizos en el aire 
o hallaron hueco en las alas verdes de los pájaros 
o se volvieron la sombra 
en cada una de las hojas otoñales. 

Muchas veces las palabras, 
parecido a las personas, 
por casualidad se encuentran, 
por propia elección se ignoran 
y por terquedad se alejan. 
Pasan de largo las unas de las otras. 
También están esas ocasiones 
en que se acaloran 
mostrándose entre ellas mismas 
odio y casi muerden. 
Como si tuvieran las palabras 
(aun del mismo idioma) 
un sabor a labios extranjeros. 

Mas cada tiempo sucede lo precioso 
en esta ciudad de las palabras, 
que un día cualquiera 
dos de estas se topan, 
se espejean, 
se entrelazan 
y se vuelven poderosas. 
No mucho después 
llega una tercer palabra, 
y pegadas 
una cuarta y una quinta. 
A veces una sexta palabra da el sentido del amor 
y una séptima el sentido de los cielos. 

Poco a poco muchas más palabras 
quieren acoplarse 
igual a bloques en una catedral 
o como columnas para un sentimiento. 
Se vuelve más grande la ciudad 
en sus torres de vocablos: 
Puentes, calles, casas, 
parques, farmacias y patios de cristal 
abren una puerta 
para aquel capaz de robar significados al aire. 

Muchas de las palabras más bellas 
se adornan en envolturas de misterio 
que solo se pueden hablar al oído, 
en esa cercana perspectiva 
donde más poder tiene el amor 
y es más cautivante lo que dice. 

Al final, el amor junta 
con paciencia sus palabras: 
las de ayer con las de ahora, 
las ajenas con las mías, 
incluso esas pequeñitas 
que han alcanzado a plasmarse 
hasta este lugar de mi poema.


29 de abril de 2026