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jueves, 28 de julio de 2011

Poema de Viernes Santo

¡Cuán doloroso el llanto
de aquellos que te amaban,
cuando en monte sombrío
se te crucificaba!

¡Y qué hiriente la risa
de aquellos que te odiaban,
viendo que, tiernamente,
al Padre suplicabas!

De Ti, Señor, la sangre
que en el polvo dejabas,
se hizo a la eternidad
nuestra sola esperanza.

marzo 2008