También el polvo es su Divinidad,
la obra animada su sabiduría;
ya en su inocencia el hombre lo sabía,
mas hoy sólo lo entiende en la humildad.
Que el sabio no podrá desentrañar
de las obras escritas sobre el polvo,
aunque presuma descubrir sus leyes
al ojo complacido del incrédulo.
Y si mayor es el descubrimiento,
es aun mucha mayor la maravilla
que detrás de ello queda, en el asombro
de intuir que nada ha sido revelado.
17/04/2001