En las aguas, preciso, nace el día
determinado por la eternidad;
yo escogí éste en sal para el amor.
Viene en barco el potente rey de luz
sobre la algarabía de las algas,
la adoración perpetua de las olas.
Moja mis pies un llanto colosal
que tierno fluye desde el horizonte;
sube a mi diestra el canto de sus peces.
Coloqué mi esperanza en el amor
este día de espumas luminosas,
y bogando emigré con sentimiento.
26/02/2004